Historia
La Congregación de las Religiosas de San José, funda su casa Central en la localidad de San Jerónimo Norte en el año 1883.
En 1934, ven la necesidad de instalarse en la ciudad capital de la provincia, para contar con una casa de descanso cuando las múltiples actividades les exigieran trasladarse a Santa Fe. Contando con la aprobación y el beneplácito del entonces Arzobispo Mons. Nicolás Fasolino, inicia sus actividades la “Casa San José de Cultura y Beneficencia” para atender a niños y jóvenes del interior.
De sus innumerables actividades de extensión y servicio, surge la idea de abrir un jardín de infantes, como respuesta a una demanda de la sociedad que necesitaba contar con una educación cristiana para sus hijos desde temprana edad. Esto, se concreta en 1940.
El 18 de abril de ese año, comienza a funcionar con niños de entre 3 y 7 años, de ambos sexos, en doble turno y ofreciendo lo que hasta entonces era un avance significativo e importante para la época: el aprendizaje de un segundo idioma, inglés o francés, y la posibilidad de acceder a un transporte escolar de ser necesario.
Las hermanas, dándole continuidad a su propuesta, implementan los niveles inferiores de la enseñanza inicial y primaria hasta 4to. Grado, que eran incorporados fácilmente en el nivel siguiente en otros colegios.
El 19 de mayo de 1941 se bendice la iniciación de las actividades del Colegio San José de Varoncitos Nivel Primario, el cual atiende, como su nombre lo indica, sólo a varones. Desde entonces, esta denominación ha formado parte de la historia institucional y ha caracterizado el servicio que brinda.
Estos primeros servicios comenzaron a prestarse en la sede de la casa San José, en calle Gral. López 2742. A medida que fue creciendo en matrícula, se expandió hacia calle Buenos Aires, hoy Monseñor Zazpe, donde actualmente funciona.
En el año 1966, la comunidad jesuítica decide dedicarse a la formación de los jóvenes de Nivel Medio, con lo cual el colegio San José de varoncitos asume la totalidad del Nivel Primario. La similitud de objetivos finales, sus Idearios Católicos, la pertenencia al mismo barrio, y el nivel socio-cultural, hizo que el pasaje de una a otra escuela, se diera en forma natural y así acrecentó la matrícula escolar.
Desde aquellos comienzos, cuando el colegio estaba atendido exclusivamente por las religiosas, abierto a las más diversas actividades culturales y de formación religiosa, ha estado muy unido a la Iglesia particular de Santa Fe, en la persona del Obispo y en la actitud de servicio a las necesidades de la comunidad santafesina.
Durante 21 años, las religiosas atendieron a los alumnos en la totalidad de las áreas y actividades. Es recién el 1º de marzo de 1962 cuando se incorporan los primeros laicos como docentes de áreas especiales: el Profesor Osvaldo Carlen como docente de Educación Física y la profesora Lidia Medina, como profesora de Música.
En 1965 ingresan tres docentes laicos como maestros de grado. Paulatinamente, esta realidad fue incrementándose y el número de religiosas se fue reduciendo, quedando sólo en los cargos directivos.
En el año 1987, la congregación decide retirarse del colegio, el cual pasa a depender del Arzobispado de Santa Fe de la Vera Cruz, según consta en el acta acuerdo firmada para tal efecto el 2 de febrero de 1988.
Analizando este hecho a través de la historia y, atendiendo a los orígenes del colegio, este traspaso no significó más que un cambio de conducción legal que es coherente con la estrecha relación que siempre se dio entre la Congregación de las Religiosas y las autoridades Arquidiocesanas: “Humanizar y personalizar al hombre para crear en él, el lugar donde pueda revelarse y ser escuchada la Buena Noticia.”
Por designación episcopal del Arzobispo de ese momento: Pbro. Edgardo G. Storni, el Pbro. Mario Grassi, quien, además ocupaba el cargo de Vicario Episcopal para la Educación Católica Arquidiocesana, asumió como Representante Legal, y los cargos directivos se cubrieron con personal del colegio en ejercicio de sus funciones: Élida Pioli de Pincirolli fue la primera directora laica; Vilma Baccega, como Vicedirectora del Turno Mañana y Marta Aller de Morello, como Vicedirectora del Turno Tarde.
En esta nueva etapa, el Colegio, continuó un servicio importante en cuanto a educación se refiere. En 1990 se iniciaron las clases de natación en el Club Gimnasia y Esgrima. En 1991, el nivel inicial, abre una sala de 4 años dentro del turno mañana y dos años más tarde, en el turno tarde. A esto se le suman a partir de 1997, la incorporación de una sala para niños de 3 años.
El crecimiento institucional, se puso también de manifiesto, con la apertura de dos aulas radiales en el Distrito Alto Verde (una sala de 5 años y 1er. Ciclo de la Educación General Básica). Estas aulas, años más tarde logran su independización (hoy E.P.I. Nº 1439 “Jesús Resucitado”).
La apertura de otras instituciones educativas en el barrio de la escuela, así como también la presencia de entes gubernamentales en los que se desarrollan tareas matutinas, repercutieron negativamente en la matrícula del Colegio por la tarde, por lo que se toma la decisión de cerrar dicho turno y en esa franja horaria comienzan a brindarse Talleres optativos para los alumnos.
En el año 1991, luego de una exhaustiva evaluación de la situación, del planteo de parte de las familias del alumnado y de la comunidad en general y la necesidad de dar continuidad a la enseñanza en el siguiente nivel de escolaridad, se inaugura el nivel secundario, con dos aulas para 1er. Año, que dos años más tarde, fueron trasladadas a otro edificio escolar. Paralelamente, en el turno de la noche en el mismo edificio comienza a funcionar el Profesorado para Nivel Primario Nº 4.031 “Fray Francisco de Paula Castañeda” que años más tarde, se traslada al edificio del Colegio Secundario.
En 2010, como preparación al 70 aniversario del colegio, se incorpora un lema identificatorio para la institución: “CON SAN JOSÉ, SERVIMOS A LA IGLESIA Y A LA PATRIA”.
También incorpora la oración común que reza el alumnado a nuestro patrono San José, unificando criterios para su elaboración.
Durante el año 2012, se realizan encuestas y encuentros con la comunidad (padres y docentes) donde se trata la enseñanza y el aprendizaje de mujeres y varones fundamentados en los avances de las neurociencias. Luego de esta instancia de capacitación se concluye en la necesidad de educar para el mundo de hoy, sin diferenciar a hombres y mujeres en derechos, deberes y dignidad, pero reconociendo diferentes formas de sentir, aprender y enfrentar la vida, donde ambos conviven.
En 2013, luego del minucioso análisis arriba enunciado y adecuando el servicio educativo a las crecientes demandas de la sociedad en general: Si, “educar es preparar a la persona para las vicisitudes de la vida” en la vida en sociedad convivimos y habitamos los diferentes espacios: hombres y mujeres por lo que se decide habilitar la educación mixta en el Nivel Inicial. La demanda superó ampliamente las expectativas por lo que se decide abrir una sala más de 3 años de la Educación Inicial.
Entonces, a partir del ciclo lectivo 2013, la EPI Nº 1100 “San José” cuenta con dos divisiones en cada año de escolaridad en ambos niveles: Inicial y Primario.
En 2017, la Educación Inicial, obtiene su independización administrativa – pedagógica: ahora pasa a denominarse Jardín de Infantes Nº 1501 “San José”. Sin embargo y por diferentes circunstancias, sigue compartiendo el edificio escolar original.
En estos últimos años se observa un trabajo más articulado entre los tres niveles concretizándose en criterios similares (adecuados a las edades de los estudiantes) de todo el complejo educativo fundamentado en el “Proyecto de Articulación Interniveles”.
En 1934, ven la necesidad de instalarse en la ciudad capital de la provincia, para contar con una casa de descanso cuando las múltiples actividades les exigieran trasladarse a Santa Fe. Contando con la aprobación y el beneplácito del entonces Arzobispo Mons. Nicolás Fasolino, inicia sus actividades la “Casa San José de Cultura y Beneficencia” para atender a niños y jóvenes del interior.
De sus innumerables actividades de extensión y servicio, surge la idea de abrir un jardín de infantes, como respuesta a una demanda de la sociedad que necesitaba contar con una educación cristiana para sus hijos desde temprana edad. Esto, se concreta en 1940.
El 18 de abril de ese año, comienza a funcionar con niños de entre 3 y 7 años, de ambos sexos, en doble turno y ofreciendo lo que hasta entonces era un avance significativo e importante para la época: el aprendizaje de un segundo idioma, inglés o francés, y la posibilidad de acceder a un transporte escolar de ser necesario.
Las hermanas, dándole continuidad a su propuesta, implementan los niveles inferiores de la enseñanza inicial y primaria hasta 4to. Grado, que eran incorporados fácilmente en el nivel siguiente en otros colegios.
El 19 de mayo de 1941 se bendice la iniciación de las actividades del Colegio San José de Varoncitos Nivel Primario, el cual atiende, como su nombre lo indica, sólo a varones. Desde entonces, esta denominación ha formado parte de la historia institucional y ha caracterizado el servicio que brinda.
Estos primeros servicios comenzaron a prestarse en la sede de la casa San José, en calle Gral. López 2742. A medida que fue creciendo en matrícula, se expandió hacia calle Buenos Aires, hoy Monseñor Zazpe, donde actualmente funciona.
En el año 1966, la comunidad jesuítica decide dedicarse a la formación de los jóvenes de Nivel Medio, con lo cual el colegio San José de varoncitos asume la totalidad del Nivel Primario. La similitud de objetivos finales, sus Idearios Católicos, la pertenencia al mismo barrio, y el nivel socio-cultural, hizo que el pasaje de una a otra escuela, se diera en forma natural y así acrecentó la matrícula escolar.
Desde aquellos comienzos, cuando el colegio estaba atendido exclusivamente por las religiosas, abierto a las más diversas actividades culturales y de formación religiosa, ha estado muy unido a la Iglesia particular de Santa Fe, en la persona del Obispo y en la actitud de servicio a las necesidades de la comunidad santafesina.
Durante 21 años, las religiosas atendieron a los alumnos en la totalidad de las áreas y actividades. Es recién el 1º de marzo de 1962 cuando se incorporan los primeros laicos como docentes de áreas especiales: el Profesor Osvaldo Carlen como docente de Educación Física y la profesora Lidia Medina, como profesora de Música.
En 1965 ingresan tres docentes laicos como maestros de grado. Paulatinamente, esta realidad fue incrementándose y el número de religiosas se fue reduciendo, quedando sólo en los cargos directivos.
En el año 1987, la congregación decide retirarse del colegio, el cual pasa a depender del Arzobispado de Santa Fe de la Vera Cruz, según consta en el acta acuerdo firmada para tal efecto el 2 de febrero de 1988.
Analizando este hecho a través de la historia y, atendiendo a los orígenes del colegio, este traspaso no significó más que un cambio de conducción legal que es coherente con la estrecha relación que siempre se dio entre la Congregación de las Religiosas y las autoridades Arquidiocesanas: “Humanizar y personalizar al hombre para crear en él, el lugar donde pueda revelarse y ser escuchada la Buena Noticia.”
Por designación episcopal del Arzobispo de ese momento: Pbro. Edgardo G. Storni, el Pbro. Mario Grassi, quien, además ocupaba el cargo de Vicario Episcopal para la Educación Católica Arquidiocesana, asumió como Representante Legal, y los cargos directivos se cubrieron con personal del colegio en ejercicio de sus funciones: Élida Pioli de Pincirolli fue la primera directora laica; Vilma Baccega, como Vicedirectora del Turno Mañana y Marta Aller de Morello, como Vicedirectora del Turno Tarde.
En esta nueva etapa, el Colegio, continuó un servicio importante en cuanto a educación se refiere. En 1990 se iniciaron las clases de natación en el Club Gimnasia y Esgrima. En 1991, el nivel inicial, abre una sala de 4 años dentro del turno mañana y dos años más tarde, en el turno tarde. A esto se le suman a partir de 1997, la incorporación de una sala para niños de 3 años.
El crecimiento institucional, se puso también de manifiesto, con la apertura de dos aulas radiales en el Distrito Alto Verde (una sala de 5 años y 1er. Ciclo de la Educación General Básica). Estas aulas, años más tarde logran su independización (hoy E.P.I. Nº 1439 “Jesús Resucitado”).
La apertura de otras instituciones educativas en el barrio de la escuela, así como también la presencia de entes gubernamentales en los que se desarrollan tareas matutinas, repercutieron negativamente en la matrícula del Colegio por la tarde, por lo que se toma la decisión de cerrar dicho turno y en esa franja horaria comienzan a brindarse Talleres optativos para los alumnos.
En el año 1991, luego de una exhaustiva evaluación de la situación, del planteo de parte de las familias del alumnado y de la comunidad en general y la necesidad de dar continuidad a la enseñanza en el siguiente nivel de escolaridad, se inaugura el nivel secundario, con dos aulas para 1er. Año, que dos años más tarde, fueron trasladadas a otro edificio escolar. Paralelamente, en el turno de la noche en el mismo edificio comienza a funcionar el Profesorado para Nivel Primario Nº 4.031 “Fray Francisco de Paula Castañeda” que años más tarde, se traslada al edificio del Colegio Secundario.
En 2010, como preparación al 70 aniversario del colegio, se incorpora un lema identificatorio para la institución: “CON SAN JOSÉ, SERVIMOS A LA IGLESIA Y A LA PATRIA”.
También incorpora la oración común que reza el alumnado a nuestro patrono San José, unificando criterios para su elaboración.
Durante el año 2012, se realizan encuestas y encuentros con la comunidad (padres y docentes) donde se trata la enseñanza y el aprendizaje de mujeres y varones fundamentados en los avances de las neurociencias. Luego de esta instancia de capacitación se concluye en la necesidad de educar para el mundo de hoy, sin diferenciar a hombres y mujeres en derechos, deberes y dignidad, pero reconociendo diferentes formas de sentir, aprender y enfrentar la vida, donde ambos conviven.
En 2013, luego del minucioso análisis arriba enunciado y adecuando el servicio educativo a las crecientes demandas de la sociedad en general: Si, “educar es preparar a la persona para las vicisitudes de la vida” en la vida en sociedad convivimos y habitamos los diferentes espacios: hombres y mujeres por lo que se decide habilitar la educación mixta en el Nivel Inicial. La demanda superó ampliamente las expectativas por lo que se decide abrir una sala más de 3 años de la Educación Inicial.
Entonces, a partir del ciclo lectivo 2013, la EPI Nº 1100 “San José” cuenta con dos divisiones en cada año de escolaridad en ambos niveles: Inicial y Primario.
En 2017, la Educación Inicial, obtiene su independización administrativa – pedagógica: ahora pasa a denominarse Jardín de Infantes Nº 1501 “San José”. Sin embargo y por diferentes circunstancias, sigue compartiendo el edificio escolar original.
En estos últimos años se observa un trabajo más articulado entre los tres niveles concretizándose en criterios similares (adecuados a las edades de los estudiantes) de todo el complejo educativo fundamentado en el “Proyecto de Articulación Interniveles”.
Un Hombre Llamado JOSÉ
San José inspira la vida de los cristianos y es modelo para quienes crecemos en este Colegio.
Hace una década la Iglesia santafesina ofrecía una nueva propuesta educativa con la creación de un Colegio Arquidiocesano; nacía de la certeza de que tal empeño respondía a las necesidades educativas, la prueba está en la aceptación inmediata que la Escuela experimentó, pero por sobre todo partía de la convicción de que tal propuesta era un modo concreto de ejercer un derecho frente a la sociedad el de la educación de protagonistas cristianos en el mundo moderno y, por ende, de un deber frente a Dios, el de responder al compromiso evangelizador al que la convoca Jesucristo. La Casa de Estudios vino encomendada, desde los inicios, al ejemplar patrocinio de San José. La elección, entiendo, no estaba hecha al azar. Se quería que aquel a quien el Evangelio identifica como el “varón justo” (cf. Mt. 1, 19), viniera propuesto como modelo según el cual fueran creciendo y se fueran modelando estos varones egresados de estas aulas.
A diez años de aquel acontecimiento, agradezco se me permita, desde mi misión de capellán, delinear algunos trazos del perfil del alumno “del San José de varones” que todos, comenzando por la misma comunidad educativa, esperan que se vean plasmados en cada uno de los estudiantes del Colegio. Para ello exalto de San José algunos rasgos profundamente humanos de entre otros muchos que pudieran elegirse, y que exaltados por la Gracia, las sobrias alusiones del Evangelio sugieren que puedan ser leídos entre líneas e imitados en la vida de cada uno de nosotros.
El primero: nuestro patrono se nos muestra como varón austero. A propósito de San José, en ningún momento el Evangelio nos propone la imagen de un hombre cargado de bienes y de vida aburguesada. Hombre de trabajo -de eso hablaremos- el esposo de María se nos muestra feliz en su pobreza y libre de ambiciones enloquecedoras. El mundo contemporáneo no exalta, precisamente, esta austeridad. Tantas veces encandilado por ofertas de todo tipo, la sed de poseer lo han vuelto avaro, egoísta e insensible a las necesidades ajenas. Hoy por hoy, la austeridad es impensable y a la pobreza se la desprecia y el consumismo característico de una cultura del bienestar y del placer hace creer que siempre se necesita tener más para ser feliz. En cambio, la pobreza evangélica, de la que José es aplicación concreta, habrá de ser una de las grandes aspiraciones a la que tiendan los adolescentes recorren nuestras aulas.
El segundo: el varón responsable en su trabajo. Aquella identificación de Jesús como “el hijo del carpintero” nos permite ver que José es reconocido entre sus contemporáneos por y desde su trabajo y en este sentido la laboriosidad de San José es un reclamo extremadamente actual. Nuestra Patria necesita, hoy más que nunca, del testimonio de los cristianos que no entran en la dinámica del juego, de la coima, de la trampa; necesita de trabajo con entrega, con generosidad y con responsabilidad, poniéndolo como objetivo de la realización personal y al servicio del bien común.
Un tercer aspecto: el hombre de familia. En su pobreza, José es representado a menudo como aquel padre fiel que vive de su trabajo para sostener honradamente a aquellos a quienes más ama: su esposa y quien hace las veces de su hijo. Vive para ello, en función de ello, a ello consagra las fuerzas más importantes de su vida y, de ese modo, conserva en un amor bien concreto la unidad de su familia, centrada en Dios y en el don maravilloso de su Palabra hecha carne, Jesús. Las familias que hoy participan de la comunidad del Colegio, las familias que formarán los varones que egresan de esta Comunidad educativa bien pueden encontrar en San José y a través suyo, en la Sagrada Familia de Nazaret, el modelo cabal para vivir en el amor, en la unidad y en la centralidad de la Palabra de Dios.
Por último, un aspecto fundamental respecto de los ya propuestos, San José se nos muestra como el hombre siempre fiel a la Palabra de Dios, aún en medio de las situaciones humanamente incomprensibles. En efecto, para el esposo de María, el proyecto de Dios sobre su mujer amada no resulta fácil de asumir, exige una actitud de entrega generosa y de disponibilidad sin límites ante aquel de quien aprendimos a pedir que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo (cf. Mt. 1, 20 – 25). A menudo nos sentimos presionados por la tentación de pensar que es Dios quien ha de someterse a nuestros planes, a nuestros proyectos, a nuestros deseos e incluso a nuestros caprichos. Muchas veces creemos en Dios para que Él nos obedezca, y San José nos propone entrar por un camino diverso, el de la humilde aceptación de los planes de Dios en nuestras vidas.
Queridos amigos del Colegio, la presencia de San José en la vida del Colegio, silenciosa y desapercibida, como en el Evangelio, sea para nosotros la ocasión para crecer en aquellas virtudes humanas que nos hagan felices en esta vida, llenen de luz a quienes nos rodean, y nos hagan entrar a todos en aquella Vida Eterna a la que aspiramos.
A diez años de aquel acontecimiento, agradezco se me permita, desde mi misión de capellán, delinear algunos trazos del perfil del alumno “del San José de varones” que todos, comenzando por la misma comunidad educativa, esperan que se vean plasmados en cada uno de los estudiantes del Colegio. Para ello exalto de San José algunos rasgos profundamente humanos de entre otros muchos que pudieran elegirse, y que exaltados por la Gracia, las sobrias alusiones del Evangelio sugieren que puedan ser leídos entre líneas e imitados en la vida de cada uno de nosotros.
El primero: nuestro patrono se nos muestra como varón austero. A propósito de San José, en ningún momento el Evangelio nos propone la imagen de un hombre cargado de bienes y de vida aburguesada. Hombre de trabajo -de eso hablaremos- el esposo de María se nos muestra feliz en su pobreza y libre de ambiciones enloquecedoras. El mundo contemporáneo no exalta, precisamente, esta austeridad. Tantas veces encandilado por ofertas de todo tipo, la sed de poseer lo han vuelto avaro, egoísta e insensible a las necesidades ajenas. Hoy por hoy, la austeridad es impensable y a la pobreza se la desprecia y el consumismo característico de una cultura del bienestar y del placer hace creer que siempre se necesita tener más para ser feliz. En cambio, la pobreza evangélica, de la que José es aplicación concreta, habrá de ser una de las grandes aspiraciones a la que tiendan los adolescentes recorren nuestras aulas.
El segundo: el varón responsable en su trabajo. Aquella identificación de Jesús como “el hijo del carpintero” nos permite ver que José es reconocido entre sus contemporáneos por y desde su trabajo y en este sentido la laboriosidad de San José es un reclamo extremadamente actual. Nuestra Patria necesita, hoy más que nunca, del testimonio de los cristianos que no entran en la dinámica del juego, de la coima, de la trampa; necesita de trabajo con entrega, con generosidad y con responsabilidad, poniéndolo como objetivo de la realización personal y al servicio del bien común.
Un tercer aspecto: el hombre de familia. En su pobreza, José es representado a menudo como aquel padre fiel que vive de su trabajo para sostener honradamente a aquellos a quienes más ama: su esposa y quien hace las veces de su hijo. Vive para ello, en función de ello, a ello consagra las fuerzas más importantes de su vida y, de ese modo, conserva en un amor bien concreto la unidad de su familia, centrada en Dios y en el don maravilloso de su Palabra hecha carne, Jesús. Las familias que hoy participan de la comunidad del Colegio, las familias que formarán los varones que egresan de esta Comunidad educativa bien pueden encontrar en San José y a través suyo, en la Sagrada Familia de Nazaret, el modelo cabal para vivir en el amor, en la unidad y en la centralidad de la Palabra de Dios.
Por último, un aspecto fundamental respecto de los ya propuestos, San José se nos muestra como el hombre siempre fiel a la Palabra de Dios, aún en medio de las situaciones humanamente incomprensibles. En efecto, para el esposo de María, el proyecto de Dios sobre su mujer amada no resulta fácil de asumir, exige una actitud de entrega generosa y de disponibilidad sin límites ante aquel de quien aprendimos a pedir que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo (cf. Mt. 1, 20 – 25). A menudo nos sentimos presionados por la tentación de pensar que es Dios quien ha de someterse a nuestros planes, a nuestros proyectos, a nuestros deseos e incluso a nuestros caprichos. Muchas veces creemos en Dios para que Él nos obedezca, y San José nos propone entrar por un camino diverso, el de la humilde aceptación de los planes de Dios en nuestras vidas.
Queridos amigos del Colegio, la presencia de San José en la vida del Colegio, silenciosa y desapercibida, como en el Evangelio, sea para nosotros la ocasión para crecer en aquellas virtudes humanas que nos hagan felices en esta vida, llenen de luz a quienes nos rodean, y nos hagan entrar a todos en aquella Vida Eterna a la que aspiramos.
Pbro. Gustavo Appendino
Capellán.
(Mensaje publicado en la revista del Colegio Arquidiocesano SAN JOSÉ ANAMNESIS Todo por diez años.)
Capellán.
(Mensaje publicado en la revista del Colegio Arquidiocesano SAN JOSÉ ANAMNESIS Todo por diez años.)
Amistad y Sabiduría
“El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas.”
Mt 13, 31-32.
Mt 13, 31-32.
Hace más de diez años una serie de acontecimientos providenciales, que fueron la causa histórica, podríamos decir circunstancial, nos obligó a pensar en la necesidad y conveniencia de fundar un Colegio Secundario Arquidiocesano: el traspaso al Arzobispado de la gestión de la Escuela San José para varones por parte de las Hermanas Josefinas, las necesidades de prolongación de un Proyecto Educativo completo del nivel primario, la idea del Arzobispo de fundar un Colegio Arquidiocesano con perfil propio, con carisma educativo institucional y sobre todo eclesial.
Así, a pedido de padres, docentes y del mismo Pastor se emprendió la tarea de pensar y organizar el Colegio Secundario a pesar de las dificultades económicas, la necesidad de aportes y de que se vislumbraba los primeros cambios de la transformación educativa. Y lo hicimos, con la dirección del Prof. Carlos Pauli, la vicedirección del Prof. Gerardo Gómez y la invalorable ayuda de docentes y padres. Distintas ubicaciones mediante y, gracias a un providencial encuentro con el Padre Gasparotto, encontramos el edificio abandonado de lo que hoy es el Colegio. Abandonado, literalmente, porque hacía más de diez o quince años que no se usaba, pero de una construcción sólida que no sólo permitía adecuarlo y transformarlo, sino también soñar una estructura completa de Colegio.
Además, conjuntamente con esta historia, se fue consolidando el proyecto educativo del Colegio que, indudablemente es casi una criatura. Cumplimos diez años como Colegio: como ese grano de mostaza era muy pequeño; pero, teníamos confianza, tenía que ser un colegio grande, no materialmente, sino en sus aspiraciones, en sus pretensiones educativas, en su finalidad.
Pensamos verdaderamente que la Diócesis necesitaba un Colegio de varones para formarlos en un buen nivel científico, en una asunción crítica de la cultura contemporánea y fundamentalmente con una iniciación eclesial y pastoral para ir formando la conciencia de cristianos adultos. Una buena formación en lo doctrinal, en lo moral y en lo espiritual y, así acercarnos a uno de los principales fines de toda Escuela Católica: ese diálogo entre Fe y Cultura, entre Fe y Vida, de tal manera que podamos educar al hombre integralmente como lo exige y presenta el Magisterio de la Iglesia.
Creo que, en estos años hemos aprendido mucho, hemos crecido también a fuerza de errores y de aprendizajes concretos. Quizás una de las cosas que más gratamente nos han sorprendido es el cariño y la adhesión que tienen los alumnos del Colegio San José ya egresados, que se manifiesta en las reiteradas visitas que estos realizan a la Institución. A veces no se puede lograr ese nivel educativo de legítima exigencia, en un mundo de mediocridad, en un mundo de superficialidad. Sin embargo, el nivel de estudio, las exigencias en el reglamento de convivencia forman parte de la conciencia que tenemos todos de que al Colegio se va a estudiar y a socializar la cultura en una visión cristiana de la misma. Vamos construyendo un Proyecto Educativo Institucional que tiene su personalidad, su perfil propio y sobre todo su profunda inserción eclesial-arquidiocesana.
El lema del colegio es “AMISTAD y SABIDURÍA” y esta aspiración, este ideal nos guía permanentemente a fin de conocer y vivir la Verdad, porque sin Verdad no hay hombre, no hay salvación. Sin la Verdad que es Cristo, nada se puede hacer.
El Colegio está bajo el patrocinio de San José, patrono también de la Arquidiócesis que marca el perfil de la Espiritualidad del varón justo, obediente a Dios, sabio y que supo comprender su misión y ponerse al servicio de la salvación y en su oficio de carpintero y su trabajo humilde, también sirvió a su Hijo, el Salvador del Mundo.
Esperemos que estos diez años, que han sido un desafío diario, hayan sido buenos para todos.
Que el Señor siga bendiciendo los esfuerzos de todos.
Agradezco personalmente, como Apoderado Legal, delegado del Obispo en esta tarea de presidir un Proyecto, presidir una acción evangelizadora a través de la Escuela Católica.
Agradezco a todos los que han colaborado y colaboran y a todos aquellos que de una forma u otra, desde la oración hasta la contribución económica hacen posible esta realidad que es hoy el COLEGIO ARQUIDIOCESANO SAN JOSÉ. Pido a la Santísima Virgen de Guadalupe, nuestra Madre, y a San José que sigan con su presencia acompañando y bendiciendo en el Señor nuestros esfuerzos.
La AMISTAD y SABIDURÍA nos lleve a construir Su Reino, el Reino de Jesús. Así sea.
Pbro. Mario Eugenio Grassi
Apoderado Legal.
(Mensaje publicado en la revista del Colegio Arquidiocesano SAN JOSÉ ANAMNESIS Todo por diez años.)
Apoderado Legal.
(Mensaje publicado en la revista del Colegio Arquidiocesano SAN JOSÉ ANAMNESIS Todo por diez años.)


